Publicado: 10 de Agosto de 2016

El amianto o asbesto es un mineral de origen metamórfico compuesto de fibras de átomos de sílice y algunos metales como el magnesio, el manganeso o el hierro. Se ha apreciado desde la antigüedad por sus características: resiste muy bien las altas temperaturas, es maleable -y por tanto se le puede dar diversas formas-, es flexible pero a la vez resistente a la tracción, etc. Ya en la época romana se le conocía y utilizaba para fabricar telas de gran resistencia.

También fue apreciado su carácter ignífugo: Carlomagno gustaba cubrirse con una túnica tejida con este material para aparecer y desaparecer entre las llamas y así impresionar a amigos y enemigos, pues conocía la resistencia al fuego del amianto. De hecho, copiando el ejemplo del emperador, pilotos de Fórmula 1 y de motociclismo vestían hasta hace poco trajes de amianto como protección en caso de incendio de sus vehículos.

Sin embargo, también desde un principio hubo conciencia de sus efectos perniciosos: Plinio el Viejo describió en el siglo I después de Cristo cómo los esclavos que tejían el amianto morían prematuramente de enfermedades pulmonares. Y se cree que el actor Steve McQueen, también piloto profesional de carreras de motos, murió de un cáncer de pleura debido al pasamontañas de amianto que usaba.

Tal es su poder destructor, que los alquimistas lo bautizaron como ' lana de salamandra' en una época en que se creía que uno solo de estos animales podía envenenar a todo un ejército. No fue hasta la llegada de Marco Polo a China, donde se extraía comercialmente de las minas, que se desvaneció el mito del origen animal y mágico del amianto.